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Proyectados en las vidas equivocadas

20 / Jun

Por Miguel Angel Nuñez

Miguel Angel Nuñez

Una de las tareas ingratas de ser profesor universitario es tener que lidiar con alumnos desmotivados, porque estudian la carrera equivocada. Muchos de ellos, simplemente están en carreras para las que no están ni preparados ni a gusto, en su mayoría porque es el “sueño” de sus padres.
 
La vocación personal tiene que ver con habilidades y talentos naturales, no impuestos. Los niños, en su mayoría suelen saber de qué son capaces y qué quieren hacer. El otro día una amiga que es directora de un coro infantil en un colegio en Buenos Aires, nos contaba que uno de sus alumnos no quiso ir al ensayo, cuando le preguntaron la razón la respuesta del niño fue contundente: “Cuando grande quiero ser médico, no cantante”. ¡Qué buena respuesta! Ojalá todos tuvieran la misma convicción y fueran capaces de defender lo que quieren.
 
La realidad es que muchos padres asesinan los sueños de sus hijos para proyectar en ellos sus propias frustraciones y sueños inconclusos.
 
A medida que los niños crecen las opiniones de los adultos, cargadas de prejuicios, y sus propios conflictos personales, se encargan de sembrar miedos y temores en las vidas de sus hijos, dudando de sus sueños y lastimando sus anhelos. Por eso es tan común observar a adolescentes y jóvenes adultos con vocaciones frustradas que andan por la vida como pájaros sin rumbo.
 
El otro día llevé a un joven que estaba en la ruta hasta un pueblo cercano, le pregunté a boca de jarro: ¿Qué haces? Estudio la prepa (en México, el segundo nivel antes de la universidad), me contestó. ¡Qué bueno!, le dije, y pregunté: ¿Qué quieres hacer con tu vida? Me quedó mirando y me dijo, no sé, ni idea, veré qué pasa, pero en este momento no sé qué hacer. Esa cantinela la he escuchado tantas veces que de pronto me da hasta miedo preguntar. Agustín de Hipona escribió alguna vez que “somos arquitectos de nuestro propio destino”. Lo que anhelamos es lo que logramos, los sueños no vienen por magia, sino por constancia, decisión, y deseos de logro.
 
Muchos padres imponen a sus hijos sus propios proyectos de vida porque sostienen que “es lo mejor para sus hijos”. Su discurso más recurrente es “para que tengan suficiente para vivir y no se mueran de hambre”. La realidad es que si estudian y hacen un proyecto de vida que es de otros y no propio, lo más probable es que se convertirán en almas en pena, personas que tendrán una profesión, pero no irán a ninguna parte, serán uno más de la masa de profesionales que se contenta con sobrevivir, porque sus motivaciones han sido asesinadas por sueños ajenos.
 
Ningún padre tiene derecho a exigir o pedir que su hijo viva un sueño personal frustrado. Alguna vez le dije a una madre: Si tanto cree que es hermoso estudiar eso, por qué no estudia usted y deja a su hijo en paz.
 
La realidad es que ninguna profesión garantiza el éxito. Lo que si augura que muchos tendrán un mejor pasar y serán más plenos, si logran hacer algo que les guste y los apasione. Eso se verá en sus ojos y en su actitud. Estábamos con mi hija visitando una feria navideña montada en hall del Museo de Ciencias en Valencia, España y llegamos a un puesto donde vendían chocolates artesanales. Se nos acercó una joven entusiasta, llena de vida, sonriente, nos ofreció una degustación y quedamos enamorados de los chocolates e impactados por ella. Le preguntamos si se dedicaba a eso, y nos contestó muy campante, soy Comunicadora social, vine a España a hacer un posgrado, pero mi pasión real son los chocolates, y sonrió con una sonrisa de oreja a oreja, auténtica, jovial, plena… No se trata de lo que haces, sino de si estás a gusto con lo que realizas.
 
Las universidades son el cementerio de los sueños de muchos jóvenes y señoritas que están condenados a vivir la proyección de la vida de sus padres, que en su miopía existencial, no entienden que sus hijos no vinieron a vivir lo que ellos quisieron y no pudieron, sino que tienen derecho a su propio proyecto de vida. Es más probable tener éxito en una profesión si se está motivado, contento y a gusto, seguramente se hará con amor, pasión y convicción, y evidentemente, eso redundará en resultados positivos, en todo sentido, incluido el económico.
 
 
 
Foto Paul. B Flickr © creative commons


 

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