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A quien le quepa el sayo

25 / Jul

Por Paula Vial

Paula Vial

Esto es sin llorar. Porque duele, nos duele a todos. Y si el sayo no le cabe, no se ofenda, porque entonces no es con usted. Si le cabe, preocúpese y trabaje por los cambios.
 
Realmente es difícil a veces entender por qué estamos como estamos. En política -también en otras cosas, pero eso queda para otra ocasión-.
 
Es un arte hacer política. Y debiera ser propio de artistas entonces. Pero lo dejamos en manos de falsificadores que sólo buscan hacer una buena copia, lucrativa y sin alma, con poder y sin empatía.  
 
Es una responsabilidad hacer política. Y debiera estar a cargo de virtuosos del deber. Pero lo dejamos en manos de especuladores que apuestan por la sobrevivencia, aferrados a un sistema que les asegura continuidad.
 
Y las excepciones son golondrinas que no hacen verano. Existen por supuesto, pero siempre en riesgo de ser cooptados por el sistema.
 
El desprestigio de parlamentarios, partidos políticos, autoridades del ejecutivo no es gratuito ni un azar. Se ha ganado a pulso. Y tiene consecuencias.
 
Hay conciencia pero no reacciones. Hay discurso pero no cambios.  
 
Y actitudes que ahondan en ello sobran. Comisiones investigadoras irresponsables, totalmente politizadas y frivolizadas, donde no interesa el fondo ni el resultado de la investigación sino cuál será el mensaje político del grupo mayoritario en su interior y que se busca destacar. Acuerdos y desacuerdos entre bancadas a vista y paciencia de una ciudadanía que espera más de ellos. Compromisos o promesas asumidas que luego no son honradas sino traicionadas. Vueltas de tuerca y de ropaje.
 
La comunidad no es tonta ni su paciencia infinita. El desconcierto por esta antipolítica se apodera de ellos y la reacción no se hace esperar: No queremos más políticos.
 
El desprestigio de la cámara sólo puede ser ahondado con estas actitudes. Pero ellas parecen responder a la certeza de que con el sistema binominal, no importan en absoluto los logros parlamentarios, la rigurosidad en el ejercicio del cargo pues en la siguiente elección volvemos a repartirnos el país entre dos bloques en los que los candidatos que se repiten no deben rendir cuenta de sus acciones, ni interesa su proyecto ni la competencia que deban enfrentar.
 
¿Cuántos de los actuales políticos resistirán un cambio al binominal? ¿Cuántos sobrevivirán en una elección que no esté prisionera de este sistema repartidor?
 
Son muchos los cambios que hay que hacer. Son muchos los cambios demandados, exigidos por la comunidad y a los que no podemos ser sordos.
 
Hacen falta mujeres en política. Muchas mujeres que aporten su visión diferente, su capacidad, su valentía. Hacen falta jóvenes. Muchos jóvenes que aporten arrojo, algo de desenfreno, empuje y locura moderada -o no tanto-. Desde luego mucha renovación. Y compromiso. Con la ciudadanía, no con el poder. Con los ideales, no con favores. Hace falta experiencia, por qué no. Parlamentarios que repitan el mandato ciudadano porque han aprobado el curso y son un factor de conocimiento y sensatez. Hacen falta ciudadanos responsables, informados y que eligen por convicciones, que entiendan que una simple raya puede hacer la diferencia.
 
Necesitamos a nuestros políticos. Necesitamos política. De la buena. De la que hace crecer al país, de la que sentirse orgullosos.
 
 
 
Foto Ana Rey Flickr © creative commons


 

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Andrés Palma

25 de Julio del 2012

Paula: Porque te aprecio desde hace mucho tiempo, y porque compartimos compromisos, me duele tu nota más que a algunos, aunque piense que el sayo no me cabe. Porque para muchos soy político y no crea que la política sea sin llorar, y porque creo que trabajar por los cambios requiere una actitud diferente. Por eso te respondo. Estoy de acuerdo contigo en que ?realmente es difícil a veces entender por qué estamos como estamos? y en que ?es un arte hacer política.? Pero no estoy de acuerdo con que deba ?ser propio de artistas entonces.? Esa afirmación, que lleva implícita que la política debe ser de especialistas o de seres superiores es la que te permite decir que la mayoría (de los que desempeñan cargos públicos de elección popular o de designación por autoridades electas) son ?falsificadores que sólo buscan hacer una buena copia, lucrativa y sin alma, con poder y sin empatía.? No digo que de esa gente no la pueda haber o no la haya, pero si estoy seguro que son muchos más las golondrinas que hacen verano de las que tu piensas como excepciones. Por cierto ?el desprestigio de parlamentarios, partidos políticos, autoridades del ejecutivo no es gratuito ni un azar? y tiene más consecuencias de las que posiblemente tú y yo imaginamos. El desprestigio proviene de diferentes causas: Por cierto el que cada vez que alguno de nosotros, los políticos, comete un error ello se resalta como si fuera algo corriente y de todos los símiles poniendo en tela de juicio a muchos de manera injusta. También ello es así porque el trabajo de los políticos, especialmente de los representantes de la ciudadanía en los diferentes espacios de poder, no es conocido ni comprendido en su cabalidad, a lo que se suma la actitud cosista de muchos , que tiene una explicación política en algunos y de idiotez extrema en otros. En una importancia no menor está también el peso del dinero en la política, que actúa en beneficio de ciertos comportamientos y de ciertos mensajes, Y también la campaña sistemática de desprestigio, en dictadura muy explícita y en democracia muy sutil pero siempre persistente de desprestigio de la política a cargo de connotados políticos , que normalmente no se llaman así a ellos mismos (suelen calificarse de ?independientes? hasta para nombrar sus organizaciones políticas) y que por norma prefieren una sociedad con menos democracia y menos participación que con más democracia y más participación, que proclaman gobiernos de ?los mejores? y ?los que saben? o son ?técnicos? para impulsar así las políticas que ellos quieren y que si explicitaran abiertamente democráticamente serían rechazados. No es el azar, entonces, sino una estrategia bien impulsada por algunos muy hábiles, y seguida por ingenuos de todo tipo. El centro de los ataques y del desprestigio está en los partidos y en el parlamento. Es curioso pero súper lógico que así sea. Desde luego su desprestigio tiene origen en las palabras con que les denominamos: Partidos y Parlamento. A los primeros se les critica tomar partido y al segundo se le critica por parlamentar demasiado. Eso no tiene solución ya que está en la raíz del sistema democrático que los partidos representen a quienes toman parte o posición y que en el parlamento se parlamente o negocie acuerdos. Yo creo que el sistema binominal debe cambiarse para ampliar los espacios de representación y corregir los defectos que permiten que hoy el partido más votado tenga poco más de un quinto de los votos y más de un tercio de la Cámara, y que los partidos deben democratizarse muy profundamente, especialmente facilitando la conformación de los mismos y el financiamiento de sus actividades y campañas exclusivamente con fondos públicos (esto último lo aplicamos de alguna manera cuando obligamos a los canales de TV abierta a tener una franja electoral, que de paso es tremendamente criticada por los que tiene dinero para poner propaganda por su cuenta). Pero hay que ver las cosas como son: En cada elección parlamentaria desde 1990 en adelante, aún con el sistema binominal, se ha renovado aproximadamente un tercio de los parlamentarios, lo que no es normal en los sistemas presidenciales. Hoy además se puede seguir la votación de cada uno de los parlamentarios por Internet y exigirle que se responsabilice de sus acciones, my hay organizaciones que están contribuyendo a ello. Te preguntas: ¿Cuántos de los actuales políticos resistirán un cambio al binominal? ¿Cuántos sobrevivirán en una elección que no esté prisionera de este sistema repartidor? Yo creo que la mayoría, aún cuando no haya aumento del número de parlamentarios, salvo que el cambio en el número y preferencia de los electores sea dramático, que puede ser y no ser, y que las encuestas dicen que es más probable que no sea. Por cierto que estoy de acuerdo contigo en que ?son muchos los cambios que hay que hacer. Son muchos los cambios demandados, exigidos por la comunidad y a los que no podemos ser sordos.? Y que uno de ellos es que ?hacen falta mujeres en política. Muchas mujeres que aporten su visión diferente, su capacidad, su valentía.? Creo que este es el cambio más difícil de conseguir y que debemos impulsar. Hace años escribí un artículo para Política y Espíritu (que falta nos hace esta revista) en que proponía que cada persona tuviera la obligación de votar por un hombre y por una mujer, posibilitando así que las más identificables mitades de nuestra sociedad tuvieran similar representación. Idea loca y soñadora que tal vez algún día se implemente. Y también concuerdo con que ?hacen falta ciudadanos responsables, informados y que eligen por convicciones, que entiendan que una simple raya puede hacer la diferencia?, que creo es lo más importante y la razón de esta respuesta. Porque ?necesitamos a nuestros políticos. Necesitamos política. De la buena. De la que hace crecer al país, de la que sentirse orgullosos? es que es necesario distinguir el trigo de la cizaña para que no ocurra ?que al cortar la cizaña, arranquéis a la vez el trigo?(Mateo 13). Andrés Palma

 
YASNA BAEZ

25 de Julio del 2012

Habrá ciertamente una leve capacidad de los políticos en enfrentar ciertos cambios que no prometen más que seguir en lo mismo y dar pildoritas que sólo hacen desviar la atención de lo que verdaderamente le interesa al pueblo y que ya no somos los mismos de antes, hoy tenemos voz, pero quién realmente nos escuchará y dará la solución al problema? esa es la cuestión no lo hay ¡¡¡¡

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