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Duplas en encuentros

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Por Paulina Astroza

Paulina Astroza

El 8 de julio se dio comienzo a la conmemoración de los 50 años del Tratado del Elíseo. Este acuerdo, firmado el 22 de enero de 1963 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, selló la reconciliación entre Francia y Alemania cuyos pueblos se enfrentaron en guerras fraticidas. El establecimiento de una cooperación bilateral que -en paralelo y conjuntamente al mismo tiempo, al proceso de integración- implicó un gesto sin precedentes y marcó el rumbo de la historia europea.

En la catedral de Reims, la Canciller Merkel y el Presidente Hollande renovaron los vínculos en un contexto difícil debido a la crisis. Ciudad símbolo de la división y la reconciliación -ocupada por las tropas prusianas en 1870, devastada en la I Guerra Mundial, testigo de la rendición de los nazis en 1945 y lugar de reconciliación en 1962- acogió a líderes que tienen visiones diferentes en varios temas.

Legítimamente las distintas visiones existen pero juntos deben avanzar el camino iniciado por Adenauer y De Gaulle y buscar los puntos de entendimiento que con tanta urgencia Europa necesita. Más allá de las frases y discursos que suelen proferirse en este tipo de conmemoraciones, la dupla franco-alemana debe estar más que nunca consciente de la responsabilidad que les cabe y concretar una mayor cooperación. Como bien lo señaló Joschka Fischer, ex ministro de asuntos exteriores y vicecanciller de Alemania, “sin un eje franco-alemán funcional, el proyecto europeo está condenado al fracaso”. Ambos deben decidir qué Europa quieren.

Como lo ha sido durante todo su proceso de construcción, la integración implica concesiones ya sean éstas políticas o económicas. Hollande debe señalar con claridad si Francia -y sobre todo el PS francés- está dispuesta a avanzar en la unión política. Alemania, a su vez, debe demostrar que sigue dispuesta a financiar en gran parte -si es necesario- la profundización de la integración. Este dilema no es nuevo. La otrora dupla Khol-Mitterrand también se enfrentó a cuestiones similares antes de la celebración del Tratado de Maastricht  que creó la actual UE. El dilema de “europeizar Alemania” o “alemanizar Europa” se planteó también a fines de la década de los ´80.

Hollande ha señalado que no desea que esta dupla sea un “directorio” que quite poder de decisión a sus socios europeos –lo que muchos criticaron cuando Sarkozy fue Presidente-, lo cual demostró en la última Cumbre en Bruselas al apoyar las demandas de España e Italia rompiendo la resistencia alemana lo que, a su vez, provocó duras críticas al interior de Alemania contra la Canciller.

Por otra parte, hoy François Hollande visitará por primera vez de manera oficial el Reino Unido. El encuentro con el Primer Ministro David Cameron también se enmarca en un contexto tenso entre ambos, lo que tampoco es una novedad en las relaciones franco-británicas.

En febrero de este año, el entonces candidato al Elíseo no fue recibido por Cameron. A las tensiones entre ambos, no ayudó mucho tampoco las declaraciones del Primer Ministro en la Cumbre del G20 señalando que “tendía la alfombra roja para recibir los exiliados fiscales franceses” ante las medidas de Hollande de aumentar los impuestos a las rentas más altas. Se suman también a las diferencias el rechazo de Cameron a los deseos de Francia de establecer impuestos a las transacciones financieras internacionales, lo que iría en contra de los intereses de la City. También Cameron piensa que la solución a la crisis va por el camino de “menos Europa” y no en su profundización, como sostiene Hollande.

Pero esta visita se da hoy en un contexto particular que complica a Cameron y da cierta fortaleza a los planteamientos de Hollande –y de varios europeos más- en orden a aumentar los controles en el mundo de las finanzas. El escándalo que estalló en Londres -conocido en los medios como “Liborgate”- pone en un pie incómodo a Cameron.

Este escándalo se produjo porque en el Reino Unido y EE.UU., luego de una investigación, se condenó a pagar una millonaria multa al banco británico Barclay’s por manipulación de la información entregada para fijar el Libor, London Interbank Offered Rate, es decir, la tasa interbancaria londinense. Ejecutivos de esta entidad bancaria reconocieron los hechos y su planta ejecutiva renunció. Lo grave en este caso es no sólo la manipulación de la información sino las consecuencias de ésta que no se reducen solamente a la isla europea sino también a toda Europa y el mundo. Como si no tuvieran suficiente ya los europeos con sus problemas económicos y políticos, estalla esta bomba que está salpicando a bancos de otros países. Esto porque se sospecha que Barclay’s no actuó solo -como lo reconoció uno de sus ejecutivos, Bob Diamond (que dicho sea de paso se iría con una indemnización de más de 20 millones de euros…) ante la Comisión del Tesoro de la Cámara de los Comunes-. Según fuentes invocadas en varios diarios europeos y estadounidenses, otros bancos estarían siendo investigados, entre ellos, el Royal Bank of Scotland y Lloyd’s (Reino Unido); Citigroup, JP Morgan, Chase y Branko f America (EEUU); UBS (Suiza); Deutsch Bank (Alemania).

Asimismo, el Comisario europeo de Servicios Financieros, Michel Barnier, reconoció que se está trabajando a nivel de la UE en la reforma de la directiva que regula este sector para castigar, incluso con pena de cárcel, la manipulación de índices como el Libor o Euribor (caso europeo) como “abusos de mercado”.   

Lo grave es que al manipular el Libor y Euribor, no sólo se miente en cuanto a las tasas de interés que se cobran entre los bancos cuando se prestan dinero sino que estos índices, al ser referencia de otros productos financieros como las tasas de hipotecas, provocan alteraciones en sectores más amplios que terminan causando graves perjuicios.

Así las cosas, las duplas franco-alemana y franco-británica tienen hoy más desafíos que enfrentar en un contexto de crisis que obliga a adoptar definiciones. Aunque éstas duelan.

 

 

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