La mayor parte de los nuevos profesores va a ir a hacer clases sin tener dominio básico de las materias que tienen que enseñar, el 63% no presenta un buen nivel de habilidades de comunicación escrita y el 42% no ha desarrollado las competencias necesarias para hacer un buen uso de la tecnología.
INICIA también reporta una información muy importante: que las universidades no están agregando valor a la formación de sus estudiantes. Los resultados en la prueba están directamente relacionados con los puntajes de la PSU, lo que puede ser considerado como una buena medición de habilidades, conocimientos y formación general de los egresados de educación media.
No es tan evidente que tengamos buenas o malas universidades. En gran medida, tenemos universidades con mayor o menor capacidad para atraer buenos estudiantes en la carrera más masiva del sistema de educación superior y que, por lo tanto, presentan una alta dispersión de perfiles de ingreso.
¿Qué hacer?
Definitivamente, no considero justo transformar la Prueba INICIA en un sistema habilitante para poder trabajar en el sistema escolar. Esto implicaría traspasarle el costo de la mala formación a los estudiantes (una carrera perdida, desempleo y endeudamiento) y confiar una vez más en que el mercado va a regular la oferta escolar cuando ya sabemos que esto no ocurre.
Probablemente funcione un conjunto de medidas de oferta y demanda que permitan hacer la profesión docente más atractiva para los mejores estudiantes y que restrinja las posibilidades de estudio en condiciones precarizadas.
Para una carrera interesante, en primer lugar, debe estar la vocación, pero luego están las condiciones laborales: un sueldo y condiciones de trabajo competitivas con las otras alternativas disponibles. El proyecto de carrera docente recién presentado está en esa línea, pero no es claro que los montos de sueldo terminen siendo similares a las trayectorias salariales de las carreras más demandadas en el país. Tampoco es claro que una carrera pre-definida por ley sobre la base de algoritmos de asignaciones y con mecanismos de promoción que son complejos, sea una opción atractiva para jóvenes talentosos. Dado que el sueldo de más del 90% de los profesores lo paga el Estado, ya sea por asignaciones directas o vía subvención, tener un sistema con mayores rentas es básicamente un problema de recursos públicos a largo plazo. ¿Cuánto está el país dispuesto a invertir en tener un cuerpo de profesores de excelencia en los próximos años?
Las restricciones a la oferta son más complejas de definir. Una alternativa es imponer requisitos de entrada a las carreras de educación, que podría ser puntaje PSU mínimo u otras exigencias específicas. Otra alternativa es cerrar las carreras que no logren tener resultados satisfactorios en INICIA por un período de tres años, por ejemplo. Esta opción es equivalente a tener un sistema de acreditación basado en resultados y no en los recursos humanos y físicos con que cuenta la universidad.
En ambos casos, se verían afectadas las universidades que tienen menor capacidad de atraer buenos estudiantes y de agregar valor a sus alumnos.
De manera complementaria, creo que el Estado debiera apoyar a las instituciones que logran tener buenos resultados para ampliar su capacidad y apoyar especialmente a las que logran potenciar las habilidades y conocimientos de los estudiantes que reciben, con el fin de asegurar una formación de docentes de alta calidad a nivel nacional.
Si el país emprende una estrategia seria por mejorar la calidad de los profesores deberá, necesariamente, incrementar sustantivamente los recursos que puedan destinarse a sueldos y al apoyo de las universidades más eficientes, así como tener atribuciones para detener proyectos de mala calidad. De lo contrario, seguiremos volviendo a los malos resultados de INICIA año tras año.
Foto Recuerdos de Pandora Flickr © creative commons
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