Gracias a la televisión nos podemos enterar que los espectáculos deportivos pueden ser bien organizados, tener público en las gradas y mostrar alta calidad competitiva. Estos atributos no son un quimera. Son la norma en el Campeonato Nacional de Basquetbol de los Estados Unidos, organizado por la NBA, que superó en esta temporada un paro de jugadores que postergó casi dos meses su inicio. También en la Liga de Campeones (de Fútbol) organizado por la UEFA en Europa o Roland Garros en Paris o el Campeonato Mundial de Gimnasia, por nombrar quizás los más importantes en sus disciplinas.
No sólo el Índice de Felicidad o el de GINI nos diferencian de nuestros socios de los países OCDE -ese selecto grupo que nos recuerda el tramo inferior al que pertenecemos en cada resumen estadístico de lo que sea-. También nuestra gestión deportiva hoy pasa a ser más motivo de vergüenza que de orgullo.
Una luz de esperanza vimos con la gestión de Harold Mayne Nicholls en la ANFP, la traída de Bielsa y la clasificación al Mundial de Sudáfrica. Hoy nos damos cuenta que fue un pequeño oasis en el desierto de la improvisación dirigencial. Un rubro sobre el cual se cierne un manto de dudas en las relaciones entre dinero, auspiciadores, agentes de deportistas, técnicos y dirigentes. Se suman en el fútbol profesional las sociedades anónimas y su composición accionaria, que no han sido ni la sombra de lo esperado en la transparencia administrativa, mejoras en gestión y buenos resultados.
Algunos ejemplos. El partido entre Colo-Colo y la Universidad de Chile, por la semifinal del campeonato, se jugará el domingo sin público el próximo domingo, como sanción al equipo popular por desmanes producidos en la zona de su barra en el partido con Audax Italiano. Algo no condenable en si mismo, amparado en la ley de violencia en los estadios. Lo realmente insólito es que el partido con Audax fue hace casi un mes y recién este martes se supo que se jugaría sin público; Colo-Colo incluso había iniciado la venta de entradas el fin de semana pasado.
Un torneo rasca, “flaite”, “penca”. Otro ejemplo: el mismo partido entre Audax y Colo-Colo estuvo suspendido más de una hora en espera de la decisión de continuidad, una vez que el árbitro, el único facultado para suspenderlo, lo hiciera y luego levantara la medida, porque no habían días para jugar los minutos que faltaban. Otro, la Universidad de Chile, en semifinales de la Copa Libertadores, ha solicitado la suspensión de sus partidos en el campeonato nacional, porque el calendario, aprobado por el Consejo de Presidentes de los clubes de fútbol al inicio del año, los ponía con partidos cada 3 o 4 días. ¿Y sabe qué pasó? El mismo Consejo aprobó la suspensión.
El tenis no tiene un campeonato de categoría, salvo el de Viña del Mar. Pero se juega casi sin público ni presencia de tenistas chilenos. Del basquetbol, ni hablar. La liga local (DIMAYOR) ya no existe y los equipos han organizado un campeonato entre ellos, desentendiéndose de la Federación Local.
Así son nuestras “Shampions Lyg”. Impresentables episodios de desorganización y mala gestión en espectáculos deportivos. Donde el show los dan los dirigentes y dueños de los clubes, las barras bravas y otros actores… ¡menos los deportistas!
Por mientras, los aficionados esperamos volver a los reductos deportivos sin ser “macheteados”, ansiando compartir en familia, con banderas y poleras como signos de identidad y no de pushinball. Y parafraseando el spot de TV: “cuando no pueda ver un espectáculo deportivo en vivo… para todo lo demás está ESPN o FOX”.
Foto Howard Young Flickr © creative commons
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