Si comparamos nuestro antiguo sistema de transporte con el actual vemos claramente una diferencia. Mientras el antiguo era desorganizado, se supone que este es planificado y mejor estudiado… ¿qué falla entonces?
La respuesta es simple: la naturaleza intrínseca del ser humano. Antiguamente, el sueldo de los micreros era proporcional a los boletos cortados; actualmente reciben un sueldo fijo y no les afecta cuánta gente transporten, qué tan rápido hagan sus recorridos o si evitan la evasión. Por lo tanto, la solución parece bastante simple; volver al sistema antiguo, es decir, que los sueldos sean proporcionales a pasajeros transportados.
Es fácil notar los cambios: los choferes pararían en todos los paraderos para captar clientes y aumentar su sueldo. Además, tratarían de hacer las rondas más rápido e intentarían evitar la evasión. En este punto, estamos haciendo algo muy mal, ya que se castiga al que evadió… que se como capturar al que consume marihuana y no al que la vende; también se debería sancionar al chofer, aunque claramente en menor medida.
Finalmente, debería ser una obligación que una parte importante de los que trabajan en el ministerio utilicen el transporte público. Así se darían cuenta rápidamente de la precariedad del sistema. El ejemplo podría ser Steve Jobs, que en su biografía cuenta que para solucionar el problema de algo tan simple como el embalaje de sus productos, pidió que lo embalaran a él mismo. Y el resultado fue una mejora de 15% en la eficacia y eficiencia.
Por Sebastián Matus
Foto Ariel Cruz Flickr © creative commons
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